SAMANÁ, EL IMPERDIBLE DESTINO VERDE DE REPÚBLICA DOMINICANA

Desde Santo Domingo, capital de la República Dominicana, salimos hacia una de las joyas mejor guardadas del país caribeño. Invitados por el Ministerio de Turismo, MITUR, el programa nos invita a recorrer la península de Samaná, uno de los destinos verdes de este país y una alternativa al turismo ya masificado de arena y playa.

De pronto cambiamos el mar Caribe por el Océano Atlántico, en la parte superior de la isla, en un viaje que dura 4 horas. Allí, emprendemos rumbo hacia nuestro hotel, el Luxury Bahía Príncipe Samaná Don Pablo Collection, del tipo todo incluido y que posee una de las mejores vistas a la bahía y una atención de lujo. Entre otras cosas, cuenta con un Spa, restaurantes, una piscina y un bar con barra libre.

A la mañana siguiente, el plan es salir rumbo al Parque Nacional Los Haitises en una lancha rápida. Vigente desde 1976, el nombre proviene del idioma arahuaco taíno, y quiere decir “tierras altas”, debido a que en la época precolombina los indígenas que habitaban el lugar lo vieron como un sitio montañoso. Cuenta con 600 kilómetros cuadrados y está actualmente protegido, debido a que sus paisajes cuentan con valiosos manglares y montes formados por piedra cárstica.

Es un catamarán de la empresa Moto Marina Tours el que nos lleva hasta Haitises desde Samaná, en un viaje de aproximadamente 45 minutos. Al llegar nos recibe una abundante vegetación y aves tales como el pelícano marrón, y las gazas reales y blancas, que aquí anidan. Además, entre enero y marzo llegan las ballenas jorobadas a la península a aparearse y cuidar sus crías.

Llaman la atención las magníficas cuevas de roca caliza, y muy en especial una a la que llaman “Boca de Tiburón”, debido a su impresionante parecido a la mandíbula de un escualo emergiendo desde el agua.

Durante el primero de dos desembarcos, conocemos la llamada Cueva de la Línea, que lleva su nombre debido a que antiguamente culminaba en este lugar una vía ferroviaria que pretendía unir Santo Domingo con la Bahía de San Lorenzo. Esta es una zona de frondosos manglares donde habitan manatíes, caballos de mar, y diferentes peces y cangrejos. Nosotros estamos en un manglar rojo, el cual nace en los estuarios junto a la Bahía de San Lorenzo. Nos cuentan que el más grande de ellos posee un largo de 800 metros, y culmina en un lugar que se llama Paraíso Caño Hondo.

Al interior de la cueva podemos presenciar el arte rupestre de origen taíno. Es fácil distinguir algunas pictografías: rostros, cruces, animales y otras figuras creadas por los antiguos indígenas en base a grasa de manatí y cenizas. Actualmente, esta cueva es una de las más ricas y mejor preservadas para poder admirar este tipo de pintura sobre roca en todo el país.

Más adelante visitamos la Cueva La Arena, donde descubrimos el oculto mundo de los murciélagos fruteros, que usan este lugar como su refugio gracias a su humedad. Aprovechamos la marea baja para recorrer sus pasadizos internos, algunos de los cuales dan hacia el exterior.

El tour no podía terminar de mejor forma: en una playa de aguas turquesa. Para ello, viajamos hacia Cayo Levantado, una isla de 15 kilómetros cuadrados en la Bahía de Samaná y que tiene bastante vegetación y un hotel de la cadena Bahía Príncipe. Aquí almorzamos pescado y disfrutamos del mar.

Cayo Levantado es un sitio idílico para bucear y hacer esnórquel, y también para enamorarse y descansar a tan solo 20 minutos del pueblo de Samaná, que destaca por su cultura y gente variopinta. Aquí conviven descendientes africanos, afro franceses, españoles e ingleses, entre otros.

 

TURISMO AVENTURA EN SALTO EL LIMÓN

Otro de los must do en la península de Samaná en el Salto El Limón, una impresionante caída de agua de 50 metros. Para empezar, debemos acceder en vehículo hasta la localidad de El Café, desde donde se puede caminar o montar un caballo hasta la cascada.

Somos recibidos en el Rancho de Ramona y Basilio, una pareja muy amable que nos guía hasta los caballos, no sin antes conocer de cerca lo que es la planta del cacao, con la que se produce el chocolate. Mientras avanzamos, vemos una pequeña iglesia y una escuelita para los niños del poblado. También hay viviendas humildes pero muy bien preservadas, y en ellas sus moradores haciendo labores domésticas.

Un grupo de arrieros está a cargo del cuidado de los caballos. Esta vez es Romero, un caballo manso de color café, el que se encarga del transporte. Aquí abundan las platas frutales, como por ejemplo el maracuyá. Más adelante, algunos ríos poco profundos y de aguas turbias se cruzan en nuestro camino. Por suerte, Romeo, nuestro equino, no tiene mayor inconveniente en sortearlo con éxito.

A lo lejos logramos observar el salto El Limón, entremedio de frondosa vegetación. Bajamos hasta donde caen sus aguas, donde se forma un pozón y es posible darse un baño antes de regresar. En el camino nos sorprende un aguacero, lo que no supone ningún problema para Romeo, nuestro equino todoterreno.

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